Teletrabajo

Teletrabajar y disfrutar. ¡Así sí! Hoy Amy estaba juguetona y no ha dejado trabajar a su pareja con tranquilidad... aunque creemos que a él no le ha importado.

Desde el confinamiento Pablo ha estado teletrabajando desde su casa y para él es algo mucho más cómodo que tenerse que desplazar casi una hora a la oficina. Ahora ya no son todos los días, pero hay dos a la semana que él prefiere dedicarlos al trabajo desde su apartamento y son los lunes y los viernes. A mi me ha venido muy bien porque suelo librar muchos lunes, así que puedo rondarle esos días ya que al fin y al cabo vivimos cerca pero no juntos. Y uno de esos lunes decidí hacerle una visita mientras le daba al ordenador.

Ilustración de Francisco José Asencio Ibáñez

¡Y cuánto me gusta verle tan concentrado! Se pone sus gafas, esparce todos los papeles y carpetas por la mesa y se lía a meter datos y a tener reuniones online. De hecho, despierta en mí tanta excitación que el lunes pasado tuve que entrar a matar, metafórica y sexualmente hablando.

Sin decirle nada y en mitad de una video reunión, me metí debajo de su mesa del despacho. Por suerte, llevaba un chándal muy cómodo sobre el que empecé mi tarea. Tuvo que aguantar las primeras caricias sujetando el gemido que se le vino a la boca, aunque lo peor vino después. Para nada hizo siquiera ni la intención de echarme de mi asentamiento, con lo cual entendí que tampoco iba a importarle mucho lo que yo decidiera hacer allí abajo. Una vez conseguido mi primer propósito, me propuse que llegara hasta el final y le bajé un poco el pantalón, lo justo para maniobrar a gusto y tener a mi disposición toda su artillería.

Solamente con las manos, tocándole y masajeándole, ya conseguí que se fuera moviendo en su silla y recolocando para ponérmelo más fácil. Se desplazó hacia el borde del asiento mientras yo le escuchaba titubear en lo que iba explicando a sus compañeros y modular lo que decía para que los demás no notasen los cambios de tono de su voz. Aquello me estaba poniendo a mí a cien. Ver su erección e imaginarme su cara ante la cámara del portátil era algo altamente morboso, y más de lo que yo podía soportar sin tocarme. Pero aplacé mis ganas y para continuar con él me dispuse a trabajar con la boca. El respingo que pegó al primer lametón debieron de notarlo en la reunión porque enseguida le oí disculpándose porque el perro le había mordido un pie. Yo también tuve que aguantar lo mío para no soltar una carcajada. Durante un buen rato le estuve chupando con ganas y a gusto. Admito que me encanta hacerle sexo oral en cualquier circunstancia pero, en esta ocasión, yo lo estaba disfrutando especialmente. En un primer momento abrió las piernas con idea, supongo, de relajarse para saborear aquello largo y tendido. Sin embargo, la excitación de la escena estaba pudiendo con su contención y no iba a poder evitar por mucho más tiempo la explosión. Su contoneo en la silla se avivó, sus palabras se aceleraron nerviosas, el calor se concentró entre sus piernas y de repente tras una inhalación profunda mi boca se llenó de su fogosidad. Aproveché su final y resolví el mío todavía debajo del espacio de trabajo de mi novio. Y a los pocos minutos le oí cerrar el ordenador y agachando la cabeza me dijo sonriente:

– Muchísimas gracias Amy, ha sido la mejor reunión de todo el año. La siguiente será el próximo lunes a las 10 por si quieres volverte a pasar.

 

 

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Mónica

    Uff! Qué calor! Cada vez más espectacular, más erótico y caliente la forma de relatarnos de Amy y me encanta y encandila! Me fascinó la parte de : » Me llenó con su fogosidad.»

  2. Carla Mila

    Buff, un post que me recuerda la estrecha relación con mi pareja durante el confinamiento. Algo bueno hay que sacar a las malas situaciones.
    Caliente, caliente!
    Saludos

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