El estigma de tener una sexualidad Kink

¿Qué es "lo normal" en el sexo? ¿Qué prejuicios sufren los que practican una sexualidad kink? ¿Por qué las preferencias sexuales todavía aún hoy en día son cuestionadas socialmente? Post de Gret de Lou.

¿Qué es una sexualidad «normal»?

Comencemos por definir qué significa la palabra Kink.  Este término, en inglés, engloba aquellas prácticas sexuales fuera de lo «convencional» o, lo que es lo mismo, son todas esas eróticas alternativas a lo «normal». Dentro de esta clasificación hay un gran número de prácticas sexuales, teniendo en cuenta que lo que se considera «convencional» no va más allá de los besos, la penetración vaginal o la masturbación.  Para algunas personas ni siquiera el sexo oral forma parte de lo «normal».  Por lo tanto, dentro de dicha categoría encontraremos el BDSM, las fantasías, los juegos de rol, los fetiches, el voyerismo, el exhibicionismo y el sexo grupal.

¿Qué es lo normal en sexualidad? Foto Gret de Lou. Autor Diego Moser.

Sin embargo, estas prácticas no son tan poco convencional como nos imaginábamos.  Un estudio de Susan Wright nos muestra cómo los comportamientos sexuales menos convencionales son practicados por un 75% – 90% de la población.  También el estudio más reciente de Justin Lehmiller (2018) nos habla de los altos porcentajes de dichas prácticas, por lo tanto actualmente en la sexología al estudiar la conducta sexual humana de forma científica y objetiva, eliminando la opinión subjetiva de las personas y los sesgos morales, se concluye que hay tanta diversidad que no hay una forma para definir lo que es normal.

Apelando a la definición de salud sexual de la OMS (2002) ésta se define como «un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad: no es mera ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias sexuales seguras, libres de coacción, discriminación y violencia.»

Dicho lo anterior, a mí me parece lícito y saludable buscar el placer de la mejor manera en la que sepamos o creamos poder obtenerlo, siempre en los límites del respeto hacia el deseo y la voluntad de otros.

Asimismo, también como dice la OMS (2002), «para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y satisfechos» en tanto considero que es una forma de preservar los derechos sexuales de todas las personas incluidos por supuesto los practicantes de BDSM.  Para lograr plena satisfacción, esta actividad debe dejar de ser estigmatizada y considerada fuera de la norma, ya que de lo contrario se niega la posibilidad de reconocer, tras determinadas conductas o preferencias, un modo creativo de concebir la sexualidad, capaz de generar por sí mismo una herramienta de autoconocimiento y de satisfacción por creer que es considerado un trastorno o patología.

Entonces, ¿dónde está el problema?

La intolerancia social a determinadas preferencias sexuales sigue estando presente. Foto Pixabay.

El problema real se encuentra en las etiquetas.  En no entender en qué consiste la diversidad. En no comprender que las preferencias sexuales no definen a una persona. 

Todas las formas de vivir y disfrutar la sexualidad son válidas siempre y cuando se hagan de una forma sana y consensuada. Siempre y cuando no originen un malestar propio o ajeno.  Y si esto se cumple ¿por qué habría que sentirse mal por eso y por disfrutar de una erótica más amplia?

Nos enfrentamos a una nueva era en cuanto a lo que implica «salir del armario» y es que, sin ir tan lejos, en la década de los 60’s la homosexualidad se eliminó del DSM-5 y se reconoció que no era una patología.  Hemos cambiado de siglo y seguimos viviendo las consecuencias del estigma social, hasta incluso aún se producen con muertes por homofobia.

Para los practicantes de la sexualidad Kink ha significado mucho la diferenciación que se hizo en el DSM-5 entre parafilias y trastornos parafílicos ya que fue un paso decisivo en la despatologización de adultos que consienten y que se involucran en comportamientos sexuales inusuales.  Las personas que participaban de esta forma de vida sexual eran diagnosticados erróneamente, con regularidad, como si tuvieran un trastorno mental durante los procedimientos penales y civiles.

Con respecto a la revisión de los estudios publicados en la Coalición Nacional para la Libertad Sexual (NCSF)  por Susan Wright (2014) me parecen bastante significativos los resultados comparativos de las estadísticas de los padres que eran juzgados ante los tribunales, para retirarles la custodia de sus hijos, por comportamientos sexuales inusuales relacionados con el BDSM, sufriendo una clara discriminación legal.  Se aprecia claramente cómo en la edición anterior del manual (2010) resultaban muy conflictivos estos temas puesto que los tribunales de familia solían retirar la custodia si existían pruebas de actividades BDSM.  La diferencia con la actualización del DSM-5 (2012) es muy significativa, puesto que se anula por completo toda la evidencia de práctica del BDSM de los tribunales en temas de custodia de menores.  Me pareció un gran avance que, a pesar de que aún nos falta mucho camino por recorrer, sea demostrable que las personas adultas sanas pueden tener una libertad sexual que nada tiene que ver con una buena o mala crianza de los hijos, puesto que no interfiere en otras áreas de su vida a nivel personal, llevándose a cabo únicamente como un juego erótico alternativo.

 ¿Deberías salir del armario si practicas alguna erótica alternativa?

¿Debes «salir del armario» si disfrutas de una sexualidad Kink? Autor foto Diego Moser.

En cuanto a salir del armario o no, con referencia al estigma, por supuesto que es una decisión completamente personal.  Inicialmente yo aseveraba que los practicantes de BDSM, de una sexualidad no monógama o de cualquier otra erótica alternativa, que no debían permanecer ocultos en el armario.  Yo permanecía en él.  Pensaba que si nos ocultábamos precisamente parecía que estábamos haciendo algo malo y que la forma de normalizarlo era el visibilizarlo.

Sin embargo, según ha pasado el tiempo, y motivada por determinados sucesos dolorosos acontecidos, coincido en parte con un gran autor e investigador en BDSM Jay Wiseman (2004) quien dice: «vivimos en un tiempo en el que el sadomasoquismo es todavía ampliamente incomprendido y no aceptado. Salir del armario ante la gente equivocada, el momento equivocado o la forma equivocada podría costarte tu trabajo, tu matrimonio y mucho más».  Y tristemente así es.  Wiseman incluso recomienda mantener estos juegos prácticamente en completa ocultación.  Coincido con él parcialmente.

Cada caso debe valorarse por separado igual que se valora cuándo, en un  asesoramiento sexológico, una persona homosexual, bisexual, transgénero etc.. desea y debe salir del armario.  No se pueden mantener ocultas las preferencias sexuales, es por ello que existen grupos organizados que luchan por sus derechos día a día y, sin embargo, a muchos les sigue costando la vida ser libres.

Por otro lado, encontraremos individuos para los que el encanto y el atractivo de estas prácticas reside en su ocultación, los viven bajo otra «personalidad» o a través de una doble vida.  Y habrá quienes, lamentablemente, piensen que es algo oscuro y eso les cree un sentimiento de culpa y un estigma practicarlo, perdiendo así una gran oportunidad de ampliar sus registros eróticos, así como crear otras herramientas de nueva diversidad sexual individual o en pareja.

Esperemos que pronto el armario deje de ser parte del atrezzo.

 

 

 

 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Avatar
    Carla Mila

    Es un placer leer tus artículos. Me encantó. No sólo hay que ser libre en la elección sexual, sino vivir en una sociedad que al menos respete nuestras decisiones.
    Un saludo y gracias por compartir!
    Saludos!

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