La mujer espartana y la igualdad de género

Las espartanas eran consideradas indecorosas por el resto de mujeres de Grecia por vivir en una sociedad más igualitaria en relación con los hombres. ¿Era eso una realidad? Loli Pozo Ortiz nos lo cuenta.

La mujer espartana se diferenciaba en muchas facetas de la típica mujer de la antigua Grecia que se dedicaba a organizar la casa, tener hijos, no tenía poder alguno y era dependiente de su esposo. En contraposición, las espartanas disfrutaban de relativa libertad y autonomía, siendo consideradas mujeres hermosas, astutas, independientes y atléticas.

Las mujeres espartanas eran consideradas indecorosas para otras mujeres griegas.

Por otro lado, es cierto que las mujeres espartanas no podían participar en el gobierno, acceder a cargos públicos o intervenir en las reuniones de hombre o del ejército. Pero tampoco estaban obligadas a las labores domésticas pues para ello disponían de esclavas. Además tenían el derecho de recibir bienes de sus padres, lo que les proporcionaba independencia de los hombres y ellas solían ser las que administraban la economía familiar.

Los espartanos tenían en muy alta estima a sus mujeres, en parte gracias a las leyes establecidas por el mítico legislador Licurgo, quien organizó la vida social, económica y política de Esparta. Según estas leyes la mujer debía encargarse de organizar la casa y las tierras, además de hacerse cargo de la educación de los hijos hasta los 7 años. Igualmente, a diferencia del resto de polis de la Grecia clásica, las mujeres espartanas podían ser propietarias de tierras y su opinión era muy tenida en cuenta entre los hombres.

Esparta se caracterizaba por una educación dura y disciplinada tanto para los hombres como para las mujeres. Los roles que desempeñaban hombre y mujer eran muy diferentes, pero se valoraban por igual. Los espartanos eran soldados legendarios y temidos, mientras que las mujeres se merecían todo su respeto por su inteligencia, fuerza y el mérito de parir y criar a sus hijos.

Los niños a partir de los 7 años eran educados por el estado para ser valerosos e implacables en la batalla. Eran entrenados para combatir ferozmente y sin miedo, siendo su lema “vencer o morir”.

Podían entrenar y lo hacían desnudas o semidesnudas, como los espartanos.

Mientras las mujeres desde muy pequeñas recibían una educación similar a la de los varones, ejercitando su cuerpo con actividades como correr, luchar, lanzar el disco o practicar el tiro con arco. Esto se debía a que consideraban que las mujeres fuertes y robustas podían aguantar mejor los partos y criar hijos igual de fuertes y vigorosos. Asimismo se dedicaban a la danza y al canto para no perder su lado más femenino.

Al igual que los jóvenes espartanos, las mujeres espartanas realizaban sus entrenamientos desnudas o semidesnudas sin que supusiera vergüenza alguna para nadie. Además, la mujer espartana era la única mujer en toda Grecia que tenía permitido acceder a los torneos, de hecho las competiciones deportivas en Esparta eran mixtas y ningún espartano se avergonzaba de ser derrotado por una mujer.

Las espartanas vestían una túnica abierta a los lados llamada peplo.

Su vestimenta también era especial. Las espartanas eran las únicas mujeres en Grecia que vestían con peplo arcaico sin coser por los costados. Se trataba de la típica indumentaria de la época, pero dejando al descubierto las piernas para facilitar su movilidad, algo considerado vergonzoso para los y las atenienses de la época.

El matrimonio era obligatorio en Esparta por su finalidad reproductiva. Se llevaba a cabo de una forma bastante curiosa. La mujer a los 15 años recibía unas tierras de sus padres y se emancipaba, pero hasta que no cumplía los 25 años no oficializaban el matrimonio. Una edad avanzada si tenemos en cuenta los parámetros de la época. El ritual del matrimonio era cuanto menos llamativo: La madrina de la joven le cortaba el pelo de raíz y la vestía con ropa y zapatos de hombre. La recostaba en una cama hecha de ramas y la dejaba sola y sin luz. El hombre llegaba tras disfrutar de un gran banquete y se acostaba con ella para poco después retirarse a dormir con los demás jóvenes. Una vez casada la mujer se encargaba de gobernar su casa, pero sin estar recluida en ella, disfrutando de una notable libertad de movimientos.

Otro dato interesante es que la mujer espartana tenía permitido ser adultera siempre y cuando el hombre que la cortejase fuese más alto y fuerte que su anterior marido. Y es que en Esparta era prioritario seguir procreando con lo mejor de la especie para garantizar futuros guerreros invencibles.

Gorgo, reina de Esparta, fue madre, hija y esposa de rey. Fotograma de «300».

Una de las espartanas más famosa y conocida de la historia es Gorgo, protagonistas de la película “300” donde se recrea el estilo de vida de los espartanos. Gorgo era la esposa de Leónidas I y fue la única mujer de Esparta en ser hija, esposa y madre de un rey. Tuvo un importante y activo papel político. Todos los relatos sobre ella coinciden en que era una mujer hermosa, astuta y muy inteligente con una gran personalidad y que sabía expresarse de forma concisa, directa y, en caso de ser necesario, con ironía y humor. Un ejemplo del ideal de mujer espartana.

Lo que está claro es que la mujer espartana era tenida en gran consideración y recibía un trato de igualdad que rompía con los cánones de la época. Mujeres fuertes y valientes que libraban su propia batalla cada día, viendo como sus maridos, hijos, padres y hermanos partían hacia el combate.

 

“Nosotras las espartanas podemos hablar entre hombres, puesto que somos las que parimos a los verdaderos hombres”

Gorgo, esposa de Leónidas I

 

 

 

 

 

 

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