Mi amiga Elena

Cuando Elena me llevó a aquella terraza de verano a la que yo llevaba tanto tiempo queriendo ir, ya había conseguido ganar muchos puntos ante mis ojos. Me iba descubriendo lugares y locales espectaculares todos y cada uno de los días que pasábamos juntas. Lo que yo no imaginaba es que fuera a ir ganando aún más durante toda la noche. Tanto como para conseguir que termináramos follando las dos en los baños.

Blog de Amy LaBelle
Ilustración de Francisco Asencio.

Desde que nos conociéramos en el cumpleaños de una amiga común nos habíamos hecho muy buenas amigas y prácticamente inseparables. Tanto que había quien decía que era mi nueva “girl crush”. Ese anglicismo que ahora está tan de moda para definir la profunda admiración que una chica siente por otra sin que haya nada sexual de por medio. Pero no fue así, aunque al principio yo también lo pensaba. Todo en ella era divertido y sofisticado. Era elegante, misteriosa, encantadora con todos, sencilla y generosa. Verdaderamente yo la admiraba muchísimo, y en cuanto a su físico, era espectacular. Llevaba el pelo corto, negro, y era muy alta y delgada pero fibrosa al ser una chica deportista. Tenía una piel fina y muy muy blanca que me maravillaba. Cuando vistiendo minifalda se sentaba y dejaba ver sus blancos muslos yo no podía evitar pensar en cómo sería tocar aquel culo escondido al final de sus piernas que seguro estaría aún más blanco. Yo estaba segura que su escote me llamaba la atención por culpa de esa piel suave y pálida que cubría dos pechos grandes y bien colocados que eran la envidia y el objetivo de todas las miradas en general. Cuando hablaba te miraba fijamente y gesticulaba con parsimonia, sin alterarse casi nunca, pero manteniendo siempre el contacto físico continuo sin llegar a agobiar. Nunca habíamos entrado en detalle sobre nuestros gustos y costumbres sexuales, aunque con normalidad habíamos hablado por supuesto mucho de hombre

Aquella noche de verano, delante de nuestros mojitos, me contó que también le gustaba tener sexo con mujeres. Mi fascinación por ella iba en aumento escuchándola hablar de sus aventuras amorosas. Todo sonaba divertido y natural y empecé a mirarla con un deseo potente que escapó a mi control. Con su demostrada experiencia Elena enseguida debió darse cuenta de ello y comenzó un fabuloso juego de seducción con el que consiguió llevarme hasta el cuarto de baño. Menos mal que era un aseo grande, bien cuidado y con varias cabinas amplias, porque pasamos juntas a una de la que tardamos bastante en salir. Embriagada por el calor, la noche, y los encantos de mi amiga, me dejé guiar y cuando quise darme cuenta la boca de Elena mordisqueaba la mía con ganas y lujuria. Enseguida fue el turno para la mía, que se volvió loca entre los pechos de Elena, que no había tardado nada en despojarse de su camisa y que, sin sujetador, se mostraba ante mí en toda su palidez. Confieso que no sabía muy bien como apañármelas para darle satisfacción a una chica como ella, pero como las manos de Elena se abrieron paso rápidamente por mis bragas la dejé navegar primero, para pasar después a hacerle yo todo lo que entre susurros y gemidos me iba pidiendo.

Fue una experiencia fabulosa y potente. Sus habilidades y su encanto supieron llevarme a unos orgasmos intensísimos, y verla a ella apoyada en la pared disfrutando con mi lengua me excitó mucho más de lo que había imaginado nunca. Además por fin pude salir de mi antojo de ver y tocar el culo más hermoso, duro y blanco que jamás he visto y al que sin duda espero volver en alguna otra tórrida noche de verano.

 

 

 

 

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