Por arte de magia

¡Más magia y más polvos mágicos! Hay magos que, gracias a la destreza que necesitan para desarrollar su trabajo, pueden llegar a ser demasiado habilidosos con sus dedos.

Tener un amigo mago con el que te acuestes algunas veces, y que siendo muy chistoso te haga siempre el chascarrillo de los “polvos mágicos” parece un tópico manido pero, para desgracia de mi sentido del humor, existe. Aunque no todos los magos son divertidos cuando no están actuando. Hay magos bastantes serios, y algunos sin pizca de gracia.  Y lo sé por experiencia propia, ya que a este amigo del que os hablo, de nombre Andrés, lo conocí en un encuentro nacional de magia en el que estuve por trabajo brindándome la vida así, ocasión de comprobarlo.

Ilustración de Francisco José Asencio Ibáñez

Pude aprender la cantidad de estilos diferentes que existen y las formas de mostrarlos en un espectáculo. Y también pude apreciar que la habilidad de estos profesionales con las manos  es tan llamativa sobre el escenario como fuera de él. No es igual uno que haga magia de cerca, que son muy rápidos y habilidosos, que la destreza de otro que se dedique al escapismo. Obviamente, esta profesión en chicas es muy interesante igualmente, pero a mí me llaman más la atención los trucos que en la intimidad puedan ofrecerme los caballeros.

Quizás fuera cuestión de suerte, pero los dedos del primer chico con el que me enrollé ese fin de semana fueron tan rápidos que ya en el ascensor de subida a su habitación, me sorprendió que mi sujetador terminara en el suelo sin apenas notarlo y que pusiese mis pezones más erectos de lo que nunca los había tenido. Cierto es también que esa pericia estuvo acompasada con la rapidez de su truco principal en la cama. Lo que no quiere decir que fuera una mala experiencia. ¡Solo demasiado rápida para lo lejos que se encontraba su habitación!

Al día siguiente aproveché la copa tras el almuerzo para intimar con un mago muy formal que gustaba más de sorprender con sus trucos de grandes cajas para escapismo y para esconder chicas y cortarlas en trozos. En sus espectáculos nada más, ¡claro! La originalidad de estos polvos, fue una noche intensa, estuvo en que me enseñase cuánto se puede disfrutar en espacios pequeñísimos, y que, sabiendo moverse con ritmo, la postura es siempre lo de menos. Eso, unido a mis experiencias juveniles de follar en coches, me hizo llevar mucho camino adelantado para ser una buena compañera que encajase bien con él. Aunque con este reconozco que la proporción estaba gratamente invertida: espacio pequeño, miembro grande, lo cual siempre otorga ventaja para conseguir mayor libertad de movimiento.

Y para rematar aquel fin de semana mágico, un chico que consiguió hacerme reír, desafiándome a descubrirle o desnudarme con cada uno de los trucos que me mostraba. En lucha tan desigual evidentemente yo perdí encontrándome con sencilla rapidez, desnuda en su cama. Y lo mejor de este fue su verborrea, las palabras picantes que acompañaba con una lengua aún más rápida que sus manos, y que fue deslizando por mi cuerpo con exquisita maestría. Andrés siempre ha sido mejor amante que mago, aunque sigue intentando reinventarse en su profesión. A mi me sirve con que me llame cada vez que tiene que practicar, porque sus polvazos son el mejor truco final de todos los magos con los que he tenido el placer de coincidir.

 

 

 

 

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