La expresividad en el amor

Ilustración de Francisco Asencio

Estoy saliendo actualmente con un chico con el que me sucede algo que no había experimentado antes: no me puedo controlar. Necesito sentir su contacto a todas horas. Sentir su piel en la mía constantemente. Cierto que soy muy visceral y que siempre que estoy con alguien por quien siento algo, sobre todo carnal, tengo esa necesidad de tocar, de abrazar, y de besar. Pero ahora no es así. Es mucho más intenso, por no llamarlo exagerado. Quizás sea solamente la inquietud de pensar que todo pasa, que las relaciones pasan y estoy tan feliz que no quiero que esta acabe. O a lo mejor sencillamente es mucho menos emocional y solo es físico. Estoy teniendo unas sesiones de sexo fantásticas. Disfruto como nunca y mi pareja me proporciona tanto placer, y durante tantas horas seguidas, que temo el momento del último orgasmo porque significa que tenemos que separarnos y continuar con la vida. Soy consciente de que dos o tres horas de lametones, besos y polvazos no están nada mal. Sobre todo si esto sucede dos o tres veces al día. Pero nunca me quedo plenamente satisfecha. Siempre continúa en mi interior la necesidad de mantener el contacto. Y esto me lleva a estar sobándole sin descanso y en cualquier sitio. Y no es una cuestión exclusiva de querer follar. Me gusta darle la mano cuando paseamos, hacerle carantoñas y besuquearle mientras charlamos, estar abrazada a él en la cola del autobús o enredar mis pies con los suyos en el sofá a la hora de la película. Muy parecido a una primera fase de estar enamorada, lo sé. Pero esa experiencia ya me ocurrió hace unos años y no me dio por estar tan pegajosa.

Cada persona es un mundo y saca de cada uno de nosotros algo diferente. Nuestra forma de ser, de interactuar se modifica de unas personas a otras ligeramente, e igual sucede con las parejas. No con todas te demuestras de la misma manera, y no por una cuestión de hipocresía o de querer agradar, sino porque desarrollas una parte de tu personalidad que con otra manifiestas en menor medida. Por lo que supongo que este chico está permitiendo que salga de mi interior mi faceta afectiva más excesiva. Me resulta imposible dominar mi cuerpo en cuanto estamos en la misma habitación, aunque haya muchas más personas alrededor, y vuelo a su lado para tener algún tipo de contacto y sentir el calor de su piel. Mis amigos están empezando a reírse de mi comportamiento porque siempre me han conocido mucho más independiente, y no como el apéndice de alguien. Por supuesto que tanto roce continuado no me lleva a ningún otro sitio que a querer más centímetros de él y cuanto más tiempo pasamos juntos más ganas voy teniendo de desnudarme y acercarme con todo el cuerpo. Y él está encantado, también es cierto. No se siente agobiado por ahora y responde de maravilla a todas mis muestras de cariño extremo.

Así que solo tengo que añadir que estoy experimentando sensaciones muy agradables que no me reportan ningún problema importante, salvando lo que me desconcierta el desconocimiento de esta parte de mi personalidad. Y aunque a veces resulte un poco agotador tener tanta necesidad de arrimarse a alguien, como no sé cuánto tiempo más durarán ni esta relación ni esta impetuosa manía, prefiero limitarme a disfrutarlo que a reflexionar sobre ello. Y desde aquí os aconsejo a todos y todas que os toquéis con fruición a todas horas y que seáis expresivos en el amor.

 

 

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