Fetichismo de cosquillas

Si hablamos de sexualidades alternativas nos estamos refiriendo a diferentes formas de vivir la sexualidad, más allá de la norma, y dentro de esto podríamos englobar algunas prácticas eróticas bastante desconocidas y curiosas, como el llamado fetichismo de cosquillas, también denominado knismolagnia o tickling.

El fetichismo de cosquillas puede ser placentero y excitante tanto para el receptor como para el hacedor de cosquillas, si bien es más habitual lo segundo, ya que algunas personas no soportan las cosquillas por lo que es más fácil estar dispuesto a provocarlas que a dejarse hacer.

¿Qué es el tickling?

Quien disfruta haciendo cosquillas, siente placer al ver las reacciones fisiológicas derivadas, independientemente de que la persona que recibe las cosquillas pueda disfrutarlas o no. Es decir, el objetivo no es dar placer al otro haciéndole cosquillas, sino obtener placer propio con las respuestas de quien recibe las cosquillas y también por el control que se ejerce sobre esa persona a través de esta práctica.

Cosquillas
En este juego erótico se puede considerar que uno de los participantes ejerce cierto control.

La knismolagnia está relacionada con el fetichismo de pies porque en estos se encuentran a menudo muchas cosquillas y es una de las zonas que suele provocar mayores respuestas físicas.

Cuando se lleva a cabo dentro del BDSM, se trata de una práctica consensuada que se aplica como cualquier otro castigo. De hecho, una sesión de cosquillas puede llegar a ser más difícil de aguantar que unos azotes. Ahora bien, aunque puede formar parte de las BDSM, por los roles que genera de sumisión y dominación, a menudo puede considerarse simplemente un juego en el que se ejerce cierto control.

Pero no confundamos un simple juego de cosquillas con este fetichismo, pues debemos tener en cuenta que, aunque jugar de manera suave a las cosquillas puede provocar cierto placer, el tickler o persona que realiza las cosquillas, busca respuestas fisiológicas potentes que pueden llegar a ser difíciles de soportar.

¿En qué cosiste la excitación de un tickler?

El placer erótico de quien realiza las cosquillas puede venir derivado, principalmente, de tres aspectos:

  • En primer lugar, la risa. Cuanto más intensa sea la carcajada, más excitante le resulta al tickler.
  • Como ya hemos mencionado anteriormente, para el tickler es esencial percibir los reflejos involuntarios del cuerpo que las cosquillas producen, como son los movimientos o espasmos de la zona que estimula.
  • También puede ser un aliciente para quien lleva a cabo esta práctica, el roce con las partes en las que se realizan las cosquillas, sobre todo si se consideran un fetiche (como puede suceder en el caso de los pies).

El reto para el tickler es buscar las cosquillas, averiguar dónde las siente el otro y cómo provocarlas, por lo que la frustración puede aparecer si no hay ninguna reacción.

En el otro lado se encuentra el ticklee o persona que recibe las cosquillas. Cuando se trata de un sumiso o sumisa, encuentra satisfacción en soportar el castigo impuesto por la otra parte. Pero si no existe dominante y sumiso, el placer puede derivarse únicamente del juego, de complacer al otro, de ver qué se siente al ceder el control y conocer los límites propios.

Fetichismo de cosquillas
Para realizar cosquillas, además de las manos, puedes usar una pluma, pincel, o cualquier oto elemento que sea suave.

¿Cómo hacer las cosquillas?

Quienes llevan a cabo esta práctica suelen usar las manos, pues de esta forma se encuentran más fácilmente las cosquillas, ya que el tacto va dando pistas. Pero también se pueden utilizar otros elementos como plumas o pinceles.

Además, es habitual usar aceites o lubricantes que sensibilicen la zona y ayuden a provocar mayores sensaciones.

Un aspecto importante se encuentra en el hecho de poder inmovilizar a quien recibe las cosquillas, siempre que exista confianza, ya que de esta manera se puede ejercer mayor control. Si, además, se vendan los ojos de quien recibe las cosquillas, el juego se hace más divertido gracias al factor sorpresa.

Para los más expertos en el tema, la gracia del juego está en conocer a la otra parte, buscando los puntos correctos donde tocar, jugando con la sensibilidad y la psicología de la persona (usando frases juguetonas que incrementen el efecto de las cosquillas), y aumentando poco a poco la intensidad.

Por último, he de deciros que toda esta información me llegó gracias a un auténtico tickler y a su propia experiencia. Os dejo con las mismas preguntas que me hizo a mí:

¿Te animarías a probar esta práctica? ¿Qué se te pasaría por la cabeza si te lo proponen?

 

 

 

 

 

 

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. ¡Uufff! Yo las cosquillas las llevo fatal. Si ya de por sí lo paso mal, ni me quiero imaginar cómo sería que me atasen… Pero bueno, para gusto los colores y siempre se agradece la información ?
    Besicks

  2. La pregunta es, ¿la autora es fetichista de cosquillas? y ¿Le gustaría hacer o recibir? A mi me gusta ser ambas cosas, tickler y ticklee

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