Despertares felices

¿Nunca os ha pasado despertar una de esas mañanas sin prisas de fin de semana totalmente húmeda y feliz tras un estupendo orgasmo? Seguro que sí, acompañadas o solas. Pero, ¿os ha pasado estando solas y sin ser capaces de tener claro si ese momento os lo habéis proporcionado vosotras mismas en ese duermevela del amanecer, o ha sido algo involuntario totalmente producido por un sueño erótico y sin tocaros? Pues a mi sí. ¡Y me encanta! Sobre todo adoro la sensación de no saber qué ha pasado. Envuelve mi placer en un misterio que solo añade fantasía al momento, y que me deja con muchas ganas de que haya cuanto antes una siguiente ocasión.

despertares
Ilustración de Francisco José Asencio Ibáñez

La última vez, al despertar encontré las sábanas sobre las que me encontraba tan mojadas que delataban que había disfrutado de un rato bastante intenso de orgasmos y fluidos. Sin embargo mis manos no tenían restos de mi olor vaginal ni estaban húmedas, por lo cual deduje que ni me había tocado. Y me gusta intentar recordar los sueños para ver si puedo averiguar lo sucedido. Porque el recordarlo me hace calentarme de nuevo y aprovecho para disfrutar otra vez ahora ya con todos los sentidos, los dedos que sean necesarios y los juguetes que hagan falta para ello.

Por lo que recuerdo, suelo soñar mucho con la playa. Sueño que me encuentro en la orilla de una playa desierta tumbada al sol. Tengo el cuerpo ardiendo y siento el calor en mi piel con agrado. La marea sube despacio y me va alcanzando por los pies primero. Después con cada ola que rompe noto las gotas que al salpicar se estrellan contra mi estómago resbalando hasta el interior de mi ombligo. Poco a poco el agua va haciéndome suya hasta que me cubre totalmente y me empapa. ¡Sin ahogarme, claro, porque no olvidemos que es mi sueño! En ese momento varios peces con los rostros de guapísimos modelos de anuncios de perfume masculino se van acercando y nadando entre mis brazos y mis piernas comienzan a mordisquearme con fruición los pezones, el clítoris y la boca. Por supuesto ya estoy sin bikini porque el agua se ha encargado de arrastrarlo todo. Con este panorama y tan exquisitas atenciones a mi cuerpo solo puedo tener orgasmo tras orgasmo que se traducen en maravillosas burbujas de colores que suben a la superficie del mar para deleite de las miles de personas que desde la orilla contemplan tan fascinante espectáculo.

En otras ocasiones, mis sueños o los retales que recuerdo, incluyen frotamientos tan agresivos contra el colchón o la almohada, que la poca ropa que utilizo para dormir aparece por la mañana a metros de mi cama. Y he soñado también alguna vez con una banda de chicas muy atractivas, vestidas como las antiguas amazonas, que me hacían su prisionera y me obligaban a tener orgasmos constantemente porque decían que yo no sabía disfrutar de mi sexualidad y eso era inconcebible en mis tiempos. Me dedicaban largas horas de caricias entre dos o tres y con sus lenguas y sus dedos me demostraban las artes amatorias necesarias para conseguir los mejores.

La verdad es que me sigue resultando maravilloso descubrir que todo lo mejor del sexo se encuentra encerrado en nuestro cerebro y que sea en esos momentos involuntarios del sueño cuando surgen y así nos ayuden a deleitarnos hasta conseguir esos despertares felices. ¡Estad atentos y atentas e intentad recordar vuestros sueños al abrir los ojos!

 

 

 

 

 

 

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