Del amor romántico al amor verdadero

¿Se puede pasar del amor romántico al amor verdadero? Claro que sí. La sexóloga Gret de Lou nos lo explica en este nuevo post para Aula Escondida.

Casi todos conocemos las sensaciones que genera el enamoramiento.

El enamoramiento nos proporciona múltiples sensaciones. Foto de Gret de Lou.

Pasamos el  tiempo soñando despiertos, con ojos de ilusión, en clase, en el trabajo, olvidamos responsabilidades o quizá preferimos dejarlas para poder estar con la persona amada.  Olvidamos compromisos, citas e incluso dejamos todo de lado.  Esperamos una llamada o un mensaje, manejamos miles de conversaciones en la mente planeando qué decir, nos obsesionamos esperando el momento del próximo encuentro.  El más mínimo gesto de esa persona nos paraliza, detiene nuestro pulso y respiración e inluso nos hace sentir mareados sintiendo esas famosas mariposas revoloteando en nuestro estómago.  A veces arriesgamos demasiado, decimos tonterías, asumimos compromisos sin sentido, reimos y tenemos eternas conversaciones durante toda la noche y largos paseos durante la madrugada. Vivimos abrazos eternos, besos interminables fuera de la realidad y del mundo.  No existe nadie más, solo nosotros, cautivados el uno por el otro y febriles, sin aliento y llenos de felicidad.

Hay miles de poemas, canciones, libros, óperas, películas, mitos, leyendas, novelas de todas las épocas, de todo tipo, de hombres y  mujeres que abandonan todo por ese amor, que se han suicidado, que han asesinado por celos o que mueren a causa del amor.    Muchos consideran que el enamoramiento es una experiencia sublime y mística, intangible e inexplicable.  La ven como sagrada, desafiante a cualquier ley de la naturaleza y a cualquier estudio que pudiera tener la ciencia.

¿Cómo nace el enamoramiento?  

El llamado «periodo de infatuación» proviene del latín «fatuus» que significa  «loco, insensato».  Cuando alguien se enamora su subordinación a las reglas estrictas disminuye, ya que el periodo de infatuación o enamoramiento se caracteriza por una reducida capacidad de pensar de forma racional.  Vivimos comportamientos irracionales que son difíciles de predecir.

El amor romántico no es producto de ninguna civilización en particular, todo lo contrario, es un concepto universal que destaca en muchas culturas, hasta en las no civilizadas, las que viven sin influencias sociales impuestas y que incluso no tienen relaciones monógamas.

Desde una perspectiva hormonal, se pueden concluir que el enamoramiento sigue siendo un ente específico y complejo pues durante su desarrollo actúan distintos neurotransmisores y agentes hormonales.  Uno de los ingredientes principales de este cocktail del amor es la feniletilamina, sustancia que se localiza en el cerebro y que provoca sensaciones de euforia, alegría, exaltación.  Se genera de forma natural en nuestro cuerpo y parece tener una función clave en la estimulación del amor romántico.  Con el tiempo, el cerebro perderá su sensibilidad al efecto de dicha sustancia y comenzará el final del periodo de enamoramiento.

Fórmula de la dopamina

Las personas que se encuentran en la primera fase de una relación amorosa tienen una baja densidad de transportadores de serotonina, hormona que regula los estados de ánimo, sueño, emociones y apetito entre otras funciones fisiológicas y de comportamiento.  Los seres humanos no podrían mantener relaciones sexuales con frecuencia y ánimo si éstas no fueran placenteras.  El neurotransmisor encargado de este fenómeno es la dopamina, sustancia química que además nos lleva a generar el impulso de repetir las experiencias placenteras.

La dopamina se sintetiza en las áreas cerebrales que son clave para el circuito placer-recompensa, dicha área se activa al estimularse con cualquier tipo de sustancia o actividad placentera, potencialmente adictiva, entre las que podríamos mencionar la cocaína, la heroína, el sexo, el juego, compras compulsivas, alimentos hipercalóricos, juegos de alto riesgo o actividades deportivas.  Una estimulación excesiva puede llegar a provocar conductas compulsivas y arriesgadas.  Estas conductas dan lugar a los comportamientos que tiene un adicto, que se vuelve esclavo de la  producción de dopamina en el cerebro y llega a desatender otras áreas fundamentales de su vida, incluso la higiene personal, con el fin de seguir obteniendo sus dosis de dopamina.

El circuito de recompensa cerebral es el que se activa cuando alguien está locamente enamorado.  En estudios realizados con la estimulación de dopamina en ratas, se ha llegado a demostrar que estos animales abandonan todo con tal de obtener los subidones de placer que generan a nivel cerebral, volviéndose adictas. De ahí que, si comparamos estas reacciones con el periodo de infatuación, se llega a consderar el enamoramiento como algo patológico.  Otro estudio significativo del University College London (2002) llega a la conclusión de que enamorarse locamente activa los mismos circuitos cerebrales que el hecho de esnifar cocaína.

¿Es realmente patológico enamorarse?  

El enamoramiento puede llegar a convertirse en una montaña rusa porque crea un límite muy fino entre «lo mejor que me ha ocurrido» al generar grandes dosis de dopamina por ser amados a «lo peor que me ha pasado» porque esa misma sensación hormonal nos puede incitar a tomar decisiones desastrosas como dejar el trabajo, los estudios, abandonar la familia o dejar de cumplir obligaciones y compromisos importantes, solo por estar con la persona amada.

¿Es patológico enamorarse?

Estadísticamente encontramos una alta frecuencia en rupturas o divorcios en el lapso de uno a dos años, justo después del periodo de enamoramiento.  Las personas adictas a vivir con este tipo de estimulación cerebral, terminan sus relaciones de pareja porque necesitan volver a vivir el placer y la experiencia de los efectos de la dopamina.

Hay investigadores que describen que estos estados de recompensa, asociados con una pareja estable y duradera, pueden mantenerse y ser similares a los que se viven con un nuevo amor.  Indican que hay áreas cerebrales que se estimulan altamente con una pareja estable con la que se ha construido un amor sólido y que son las mismas áreas las que se activan con relaciones intensas de amor romántico y nuevos enamoramientos.  No olvidemos que, en el caso de amor maduro y estable, se estimulan áreas cerebrales vinculadas al afecto y otras que modulan la ansiedad y el dolor, lo que ofrece un extra a la relación romántica.

La distinción fundamental entre el amor romántico, enamoramiento, y el amor de una pareja estable en sus etapas posteriores es el compromiso y la calma que este último puede proporcionar.  La dopamina asociada a esta calma puede llegar a generar un compromiso sólido y duradero.  Un emparejamiento que se basa, sobretodo, en el vínculo establecido y no en instinto de reproducción.

Los vínculos del amor verdadero

A la oxitocina se la conoce como la hormona del amor, la generadora de vínculos y promotora de la confianza.  Se segrega únicamente en tres momentos de la vida: al tener relaciones sexuales, en el parto y durante la lactancia.

Una pareja estable construye su relación y desarrolla el amor de manera inteligente cultivando sus relaciones con niveles altos de confianza y vínculos cómodos, que generan descargas de oxitocina de una manera mucho más placentera, al besarse, tocarse, mimarse y al mantener relaciones sexuales.

Helen Fisher, antropóloga, en su libro Anatomía del amor, menciona que el amor romántico no es una emoción, sino una parte del poder que tiene el sistema de motivación cerebral que maneja tres componentes químicos diferentes:

  • el Deseo, formado por andrógenos y estrógenos.
  • la Atracción: impulsada por altos niveles de dopamina y norepinefrina, al mismo tiempo que bajos niveles de serotonina lo cual explica los cambios de humor en las primeras fases del enamoramiento.
  • el Apego: compuesto por la oxitocina y vasopresina.
Este cóctel de amor no solo se libera en el momento del enamoramiento sino también cuando se construye ese amor.

Este torrente bioquímico, o cóctel del amor, no solamente se libera en el momento del enamoramiento, en la fase del amor romántico, sino también cuando se crea un proyecto de vida en común con una pareja, cuando se construye ese amor.  Así su efecto no solo será el que vivimos como adolescentes enamorados, sino también el que tenemos con una pareja sólida con la que hay pasión, proceso en el que también encontramos todos los componentes bioquímicos que nos impulsan a perseguir los objetivos del deseo.

La unión de la pareja durante esos maravillosos primeros meses, su comportamiento y acciones están controladas mediante un procesamiento mental consciente que tiene un único objetivo; ser lo que la otra persona quiere que seamos, algo que hacemos para agradar y gustar, creando una gran armonía y el llamado efecto luna de miel.

Cuando pasa el tiempo el efecto de las hormonas disminuye.  El ajetreo del día, los pensamientos negativos, los problemas cotidianos, los planes semanales, la vida personal hacen que el rol que tiene nuestra mente consciente (la que usamos por esforzarnos para mostrar lo que queremos a la otra persona) sea asumido por la mente inconsciente que hará que afloren previas experiencias almacenadas que se harán presentes sin que queramos.

Finalmente debo deciros que el amor verdadero existe, pero no como en los cuentos, novelas y canciones.  Se construye  basándose en ese primer impulso de enamoramiento, esa atracción y pasión, para seguir creádolo con vínculos sólidos y verdaderos.  Los de una pareja.

 

 

 

 

 

 

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